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Mayo 1, 2009

Mobile App Stores y modelos de negocios

Por Nicolás Falcioni

Por Nicolás Falcioni

El viernes pasado Apple dio el primer billón de razones para convencer a la industria de que las tiendas de aplicaciones son el camino a seguir. Claro que el problema para los demás es cómo andar este sendero sin ese talismán mágico que llamamos iPhone.

Desde el Reino Unido, la gente de Juniper Research acaba de estimar que los ingresos directos e indirectos generados por las aplicaciones móviles superarán los 25 mil millones de dólares en los próximos cuatro años, originados tanto desde terminales de gama alta, como desde aparatos con un perfil bastante más masivo.

Según estas previsiones, el punto de quiebre se va a dar aprox en 2011, cuando la abrumadora mayoría actual de aplicaciones denominadas one-off downloads (que se descargan una sola vez), se vea finalmente superada por las in-app billing (aplicaciones residentes que habilitan el cobro periódico de un servicio).

Este último factor es un acelerador del negocio que los agregadores conocen bien, sobre todo a partir del desembarco en la región de la modalidad de suscripción (o de clubes) en la venta de contenidos móviles (ver entrevista).

De ser así, la tendencia es hacia el on-device portal, es decir, una aplicación instalada que provee la usabilidad y el look and feel, para acceder a un contenido que se actualiza a partir de ráfagas de transferencias de datos móviles.

Aunque las grandes operadoras están intentando generar sus propias tiendas de aplicaciones, la mayoría de los analistas coinciden en que la apertura de las redes forzará también una apertura de los walled gardens, y que los mayores ingresos del carrier provendrán del tráfico de datos por el uso, antes que del precio de venta de dichas aplicaciones. El carrier ganará más en la medida en que abra su red y permita la competencia entre la oferta de aplicaciones en su portal.

Lo que hace poco era una tímida huella, ahora es un camino polvoriento. Recordemos que Google lanzó su Android Market con aplicaciones gratuitas en octubre de 2007, y hace dos meses que ofrece soluciones pagas. RIM puso en el aire su AppWorld el 1 de abril pasado. Y todos nos preparamos para el inminente desembarco del Ovi Store de Nokia.

Aún así, dada la fuerte vinculación de los app stores con la minoría de smartphones -sobre todo en los parques de dispositivos latinoamericanos-, sería imprudente (tanto para operadores como para desarrolladores y productores de contenidos) ignorar los modos tradicionales que tiene el canal móvil para la distribución de su contenido.

Más allá del caso en sí mismo, lo interesante del App Store es el impacto de su modelo en la forma cómo se monetizan los servicios y contenidos por un lado, y en cómo se distribuyen los ingresos entre los actores del ecosistema.

Un tema clave: la reciente versión 3.0 del iPhone está centrada en la primacía del appsell sobre la aplicación en si misma. Apple busca estimular la modalidad freemium, que le permiten al usuario descargar una aplicación de forma gratuita, probarla y después, si quiere, suscribirse a un servicio de streaming pago, por ejemplo, accediendo a nuevos niveles de un juego.

Hasta ahora el App Store recibe un 30% del precio de las descargas. Pero en los nuevos servicios freemium, donde la facturación la maneja con mayor rigor Apple, el lugar de los operadores queda aún más difuso.

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