La versión 2010 del Mobile World Congress mostró lo excitantes que son estos tiempos para la industria de las comunicaciones móviles, y el cada vez más nÃtido enfrentamiento entre jugadores tradicionales (operadores) y entrantes (Apple y Google, que cada vez se pisan más entre si sus largas colas de suspicacias y paranoias). Previsiblemente, todo se movió a favor de las aplicaciones. Fue la primera vez para el AppPlanet, un evento paralelo enteramente dedicado a la problemática de los desarrolladores.
Claro que esto está facilitado por los smartphones, pero algo demuestra que el centro de la escena lo ocupan las aplicaciones y servicios, más que los aparatos en sÃ. De ahà el interés por los sistemas operativos y las diversas interfaces de usuario que habilitan. El renovado entusiasmo de todos por ganarse a los desarrolladores arrastró la preocupación de éstos por dilucidar a qué plataforma apostar sus fichas.
Apple hizo valer su peso en cuanto a la penetración actual, los desarrolladores cuentan que las marcas primero piden construir para el iPhone, y que si sobra algo de presupuesto se avanza sobre Android, que aparece en un distante segundo lugar. Pero las cosas pueden cambiar rápidamente. Fue sugestivo confirmar que siempre que Google presentó algo, la gente hizo cola para entrar. Mientras la convocatoria de Blackberry resultó bastante más tibia.
Eric Schmidt anunció que Google inyecta en el mercado global 60.000 teléfonos con Android por dÃa. Y entre los colegas periodistas ninguno terminó de contabilizar la enorme cantidad de aparatos lanzados con Android, incluyendo los de alto perfil de Alcatel, Dell, HTC, LG, Motorola, Samsung, Sony Ericsson y ZTE entre otros. Sólo falta recordar que el año pasado en Barcelona no habÃa un solo dispositivo con Android.
Para analizar el caso de Microsoft va a haber que esperar. El primer aparato con Windows Phone 7 sale recién a fin de año, y es poco lo que se puede deducir de lo dicho en en el MWC en relación al nuevo ecosistema de desarrolladores. Pero sin duda éstos la mayor desilusión se la llevaron con Symbian. Pese a mantener una penetración mucho mayor a la de Apple, la plataforma avalada por Nokia mostró graves indicios de estar perdiendo el apoyo de antaño. Las indefiniciones relativas a Ovi y la ausencia de una representación oficial de los finlandeses en la feria tendieron a agravar esta situación.
Hubo más de una paradoja. Sobre la pregunta de cómo harán las operadoras para costear el despliegue de mejores redes sin ser más que dump data pipes, Schmidt opinó hay muchas formas de encontrar ese retorno. Por otro lado, los ejecutivos de AT&T debieron reconocer que no les gustan los término de su acuerdo con Apple, pero que tampoco pueden darse el lujo no vender el iPhone, cuyos clientes pagan por servicios de datos móviles el doble que el resto de los usuarios cada mes.
A esto, la GSM debió darle el premio a la Personalidad de la Industria Móvil del Año a Steve Jobs, tras una votación de los periodistas especializados.
Mientras los desarrolladores no miran tanto la potencia de cómputo de los smartphones sino la cantidad de dinero que pueden hacer en el app store, exigen que fabricantes y operadoras trabajen en conjunto para mejorar los servicios de billing, y para que la gente encuentre mejor lo que busca. Pero la tan nombrada Open International Applications Platform, que se lanzó con el apoyo de varios operadores, no pareció materializarse en acciones concretas.